Ensalada Waldorf

Tengo un amigo que odia el apio. Pero lo odia con pasión verdadera, poniendo el 100% de sus sentidos en ese odio visceral. Y yo no puedo más que enternecerme, porque no hay nada que me guste más en esta vida que las personas que se apasionan con lo que les gusta {o con lo que odian}; nada me gusta más que las personas que son de verdad, aunque sus elecciones de vida no estén de acuerdo con las mías. Creo que si mi amigo no odiase tan vehementemente el apio no lo querría tanto. Ni, probablemente, me metería tantísimo con él {intento reformarme, pero no es fácil}.

Este amigo que os digo odia el apio en todas sus versiones, cuenta la leyenda que debido a la insistencia materna en colarle ramitas de apio en todo cuanto guiso o sopa preparaba. No puedo más que entender esa tara materna, la de introducir de tapadillo las verduras en los platos de los hijos, porque sí, lo admito, yo también soy una de esas madres que ha desarrollado complejas técnicas de camuflaje en la alimentación de los peques de la casa. 

Además, como si de Spiderman se tratase, este amigo mío ha desarrollado el poder inaudito de la detección del apio. Como un león en medio de la sabana africana, puede olisquear el aroma del apio a kilómetros de distancia, y no hay minipimer que esconda su presencia ante sus hiperdesarrolladas papilas gustativas.

Que bueno, como siempre le digo a mis hijos, cada cual tiene sus puntos fuertes, y aunque hay habilidades {léase la detección del apio} que no parecen tener un futuro profesional prometedor, mira, cada uno ha de sacarle provecho a lo suyo. 

Eso sí, recordadme que el plato que os traigo hoy, no se lo sirva a mi amigo, a no ser que quiera dejar de contarlo entre los mismos.

La ensalada Waldorf nace a finales del siglo XIX, concretamente en 1893, cuando el maître del recién inaugurado Hotel Waldorf, Oscar Tschirky, inventó una ensalada que constaba de tan sólo tres ingredientes: mahonesa, apio y manzana. Pronto se convirtió en uno de los platos preferidos de la jet set estadounidense y, por ende, en signo de clase, glamour y distinción. Con los años, a los tres ingredientes primitivos, se le fueron añadiendo otros como las nueces o piñones, uvas pasas o frescas, y algo de pollo o pavo para convertir esta ensalada en un plato completo. Esta ensalada, con esa maravillosa combinación de sabores, es especialmente recomendable para los días calurosos de verano, ya que resulta muy refrescante.

A mí me gusta acompañar esta ensalada en vez de con mayonesa sola, con una mezcla de mayonesa y yogur, que es una salsa más fresca y ligera e incluso en esta ocasión, he tirado de una salsa comercial de yogur Choví que vino en la última Degustabox, y que es una solución estupenda para tener en casa.

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Ensalada Waldorf

Ingredientes para 4 personas

  • 3 ramas de apio.
  • 1 manzana roja.
  • 1 manzana Granny Smith.
  • 100 g de nueces.
  • 150 g de uvas.
  • 2 cucharaditas de zumo de limón.
  • 75 g de pechuga de pollo asada o cocida {opcional}.
  • salsa de yogur Choví {o bien una mezcla a partes iguales de mayonesa y yogur natural sin azucarar}.
  • mezclum de lechugas.

Preparación:

1. Lavamos las manzanas. Yo suelo dejarles la piel, pero si no os gusta podéis pelarlas. Las cortamos en daditos pequeños, y las ponemos en un bol junto con el zumo de limón. Removemos bien, esto evitará que las manzanas se oxiden.

2. Añadimos al bol el apio picado pequeñito, las nueces picadas, las uvas cortadas a la mitad {si tienen pepitas conviene retirárselas con la punta de un cuchillo} y la pechuga de pollo en trocitos, si es que vamos a añadírsela. 

3. Añadimos la salsa de yogur. Podemos usar salsa de yogur comprada {en esta ocasión he puesto salsa de yogur Choví}, o hacer nuestra salsa casera, simplemente mezclando mayonesa y yogur natural a partes iguales. Mezclamos para que todos los ingredientes queden cubiertos por la salsa de yogur.

4. En una fuente disponemos un fondo con las hojas de lechuga. A mí me gusta poner una mezcla de lechugas y hojas verdes variadas, pero en esto también podéis hacer cambios y poner según vuestro gusto.

5. Encima de la cama de lechuga, ponemos la ensalada que teníamos mezclada en el bol. Servir la ensalada fresquita.


Montse NoSinMiTaper

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