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En cocotte se cocina mejor

Fabada asturiana

En cuanto llega el otoño, reconozco que me vuelvo loca preparando potajes. Me rechiflan los potajes. Y me rechiflan las legumbres... Aunque mi legumbre favorita son los garbanzos (todas mis recetas con garbanzos las podéis consultar aquí), jamás le diría que no a unas buenas alubias...

Si hay un plato tradicional en nuestro país es la fabada. Procedente de Asturias, es un plato contundente, ideal para el frío y lluvioso invierno. Es reconfortante, delicioso y además, muy sencillo de preparar. 

Como siempre ocurre con estos platos de ingredientes sencillos, es importante escoger productos de buena calidad, ya que es en este detalle donde residirá el éxito o el fracaso de nuestra receta. Como siempre también, tiempo, paciencia y cariño son tres ingredientes que no han de faltar cuando os metáis entre fogones.


Fabada asturiana

Ingredientes para 4 personas

  • 250 g de alubias blancas.
  • 1 chorizo asturiano.
  • 1 morcilla asturiana.
  • 150 g de panceta curada.
  • 2 patatas medianas.
  • unas hebras de azafrán.
  • sal.


Preparación:

1. La noche anterior, ponemos a remojo las alubias en abundante agua.

2. Al día siguiente, desechamos el agua de remojo. Ponemos las alubias en una cazuela con agua fría, que las cubra un par de dedos por encima.

3. Calentamos la cazuela a fuego fuerte, hasta llevarla a ebullición. Entonces, quitamos la espuma que se haya formado con una espumadera y dejamos que hierva unos cinco minutos.

4. Entonces, añadimos las patatas peladas y cascadas (no muy grandes), el chorizo y la morcilla, la panceta y las hebras de azafrán.

5. Cuando rompa a hervir, bajamos el fuego y dejamos cocer muy despacito, hasta que las alubias estén tiernecitas. Este tiempo puede variar mucho entre hora y media y tres horas... Dependerá de la calidad y de la frescura de las  alubias, así que conviene ir probando.

6. En la primera hora de cocción, aconsejan "asustar" las alubias dos o tres veces; esto consiste en añadir un poquito de agua fría para romper el hervor, de este modo conseguiremos que las alubias no se rompan.

7. Además, nunca debemos remover con una cuchara ni con nada, simplemente agitaremos con suavidad la cazuela. Esto se hace también para no romper las alubias.

8. A media cocción, probamos el caldo y sazonamos a nuestro gusto; como el embutido es salado, a veces no hay que añadir demasiada sal.

9. Antes de servir, troceamos el chorizo, la panceta y la morcilla; podemos servirlos aparte, para que cada comensal se ponga lo que le apetezca.




Crema de guisantes {con hierbabuena}

El último domingo de cada mes, como ya sucedió el mes pasado, me toca participar en el #Asaltablogs. Cada mes, se escoge un blog de entre los participantes, y los demás debemos "robarle" una receta y versionarla en nuestro propio blog. En septiembre el blog asaltado resultó ser Mabel's Kitchen, así allá me lancé a sumergirme entre las múltiples propuestas de Mabel.

Recién llegado el otoño, ya conocéis mi querencia por las cremas {tenéis aquí todas mis recetas de sopas y cremas}, sobre todo si tienen un toque especial y diferente. Amor a primera vista, me llevó dos minutos y medio decidir qué receta iba a cocinar. Y es que la combinación espectacular de los guisantes y la hierbabuena hizo sonar campanillas a mi alrededor. 

Una vez realizada la receta, he de decir que no me defraudó en absoluto. Aunque ya era muy fan de la crema de guisantes, el aroma y el frescor que aporta la hierbabuena es sin duda un extra que hace mejorar y mucho la receta.

A la receta original de Mabel (que podéis consultar en este enlace) le hice algún cambio, siempre manteniendo la esencia de la misma. Cambié la mantequilla por aceite de oliva (no me gusta mucho cocinar con ella, manías que tiene una); también cambié el puerro y el apio por ajo y cebolla, que no es lo mismo, no, pero me agrada más su sabor. Y finalmente, le añadí una patata; si estáis preocupados por la línea, simplemente dejadla a un lado. A mí me gusta la cremosidad que aporta a las cremas, y bueno, en casa hay niños que muchas veces agradecen ese aporte extra de energía.

Empezamos por tanto, no sólo la temporada del #Asaltablogs, sino también la temporada de ricas sopas y cremas, que ya se estaban echando de menos.


Crema de guisantes {con hierbabuena}

Ingredientes para 3 personas

  • 400 g de guisantes congelados.
  • 1 zanahoria.
  • 1 patata pequeña.
  • 50 g de cebolla.
  • 1 diente de ajo.
  • hojas de hierbabuena fresca {al gusto}.
  • aceite de oliva.
  • 750 ml de caldo de ave.
  • sal y pimienta negra.


Preparación:

1. En una tartera calentamos un fondo de aceite de oliva. Cuando esté caliente, añadimos la cebolla y el ajo bien picados. Dejamos sofreír despacito, sin que se dore. Entonces, añadimos la zanahoria, también pelada y picada. Sofreímos 5 minutos más.

2. Pelamos y cortamos en dados la patata. 

3. Añadimos el caldo a la tartera y lo llevamos a ebullición. Entonces, añadimos los guisantes y la patata. Salpimentamos. Cuando recupere el hervor, dejamos cocer a fuego suave unos 20 minutos, hasta que la patata esté tierna.

4. Retiramos del fuego y ponemos en el vaso de la batidora junto con las hojas de hierbabuena. Trituramos bien fino; si fuese necesario, lo pasamos por el chino.

5. Probamos y rectificamos de sal y pimienta al gusto. Servimos bien caliente.



Palometa al horno

La palometa negra o castañeta como la llamamos en el norte, o japuta como la llaman en el sur, es un pescado blanco que se encuentra habitualmente todo el año en nuestros mercados, si bien es cierto que su oferta suele disminuir durante la primavera. Se trata de un pescado muy apreciado en determinadas zonas de España, pero que, además, suele tener muy buen precio. La castañeta que os presento hoy pude adquirirla a menos de 3 euros el kilo. 

Es un alimento especialmente rico en proteínas de alto valor biológico, además de una buena cantidad de proteínas del grupo B, vitamina A y D. Un alimento saludable al cien por cien que si además lo preparamos adecuadamente, nos ayudará a estar sanos, disfrutando siempre de lo que comemos.

Uno de los modos en los que a mí me gusta preparar la palometa es al horno. Lo hago de un modo tradicional, aunque evito sofreír las patatas antes de meterlas al horno para no aumentar la ingesta de calorías ni de grasas.

Esta es sin duda alguna una receta para disfrutar, no sólo por lo deliciosa que está, sino porque no resulta nada trabajosa, una receta ideal para aquellos que hacen sus primeros pinitos en la cocina.

La palometa se suele hornear sin la piel. Es esta una labor relativamente complicada que los pescaderos harán por vosotros de mil amores. Yo suelo decirle también que me retire la cabeza, y así tenemos luego menos despojos en casa.


Palometa al horno

Ingredientes para 4 personas

  • 1 palometa de aprox. 1,5 kg.
  • 1 tomate grande.
  • 1 cebolla.
  • 1 pimiento verde.
  • 4 patatas grandes.
  • sal.
  • 1/2 cucharadita de comino molido.
  • 1 ramita de perejil fresco.
  • 2 dientes de ajo.
  • 1/2 vaso de vino blanco.
  • aceite de oliva.
  • pan rallado.


Preparación:

1. Pelamos las patatas y las cortamos en rodajas gruesas de 1 cm aproximadamente. Las colocamos en el fondo de una fuente de horno. Salamos ligeramente.

2. Cortamos la cebolla en juliana, el pimiento en aros y el tomate en rodajas. Distribuimos estas verduras por encima de las patatas y volvemos a poner unas arenitas de sal.

3. Ponemos en el vaso de la batidora los dientes de ajo, las hojas del perejil, el comino molido, el vino, sal y un chorro generoso de aceite de oliva. Trituramos. 

4. Ponemos la palometa limpia y entera encima de la cama de verduras. Untamos por encima una parte de la mezcla triturada. Damos la vuelta al pescado y le ponemos otro poco. Lo que nos sobre lo repartimos por encima de las verduras.

5. Cubrimos el pescado con una capa fina de pan rallado, así evitaremos que se nos seque.

6. Horneamos a 180ºC durante aproximadamente 1 hora.



Callos a la gallega {en cocotte}

Llega el día 20 y vuelve el Desafío en la Cocina. Este mes, para empezar la nueva temporada, llega de la mano de Mila y Nina de La cocina de Camilni. Los más oscuros temores de los participantes en el reto se han hecho realidad... Este mes... tenemos que cocinar casquería...

Lo reconozco, no es algo que me guste cocinar ni comer. Pero un desafío es esto, ¿verdad? Así que, pensando, pensando, recordé un plato que me traslada a la infancia, ya que mi abuela Carmen solía hacer callos muy a menudo. Además, el sabor final del guiso es excelente, y los garbanzos hacen de él un plato muy completo, ideal para los largos días de invierno.

Es, como digo, un plato contundente, así que siempre es mejor servir raciones pequeñas. Sin embargo, congela estupendamente y lo que he hecho yo ha sido cocinar una buena tartera (en estos guisos siempre mejora el sabor al cocinar una cierta cantidad) y congelar en porciones el resto.

Además, mejora de un día para otro, así que, aunque está delicioso el mismo día que se cocina, si podéis, o si resistís, dejadlo para el día siguiente, veréis qué diferencia.

Aquí en Galicia, los callos {a la gallega, con garbanzos} son una de las tapas más habituales en los bares y tabernas; incluso hay locales que deben su fama a la elaboración de este plato, la gente va a propósito hasta ellos para degustar la tapa de cortesía con su consumición.

En cuanto a las especias para callos, aquí se encuentran así preparadas en casi cualquier supermercado o tienda de alimentación. Si no tenéis la posibilidad de conseguirlas, os diré que es una mezcla en la que predomina el comino molido, y que también lleva cilantro, pimienta negra y clavo, entre otros ingredientes. 


Callos a la gallega

Ingredientes:

  • 1/2 kg de garbanzos.
  • 1/2 kg de vientre de ternera para callos.
  • 1/2 pata de ternera.
  • 2 chorizos.
  • 1/2 cabeza de ajos.
  • 150 g de panceta desalada.
  • 150 g de jamón.
  • 1 cebolla grande.
  • 1 manojo de perejil atado con un cordel.
  • pimentón dulce.
  • pimienta de cayena molida.
  • 1 1/2 cucharadita de especias para callos.
  • sal.
  • 2 limones.
  • maizena {si es necesario espesar el guiso}.


Preparación:

La noche anterior:

1. Ponemos a remojo los garbanzos en abundante agua.

2. Limpiamos los callos con un cepillito de cocina; podemos además espolvorearlos con sal gruesa y frotar con el cepillo, para ayudar a limpiar bien. Lavamos bien los callos con agua. 

3. Cortamos los callos en cuadraditos y los ponemos en un cuenco grande con agua con el zumo de los dos limones.

4. Nos aseguramos de que la pata de ternera no tiene pelos, si es así, los retiramos con ayuda de una pinza de depilar. Ponemos la pata en el mismo cuenco que pusimos los callos.

Al día siguiente:

5. Escurrimos el agua a los callos y a la pata y los ponemos en una olla grande {yo uso mi cocotte de hierro fundido} cubiertos con agua limpia; añadimos la cebolla entera y la media cabeza de ajos. Tapamos la olla y dejamos cocer una hora y media aproximadamente. 

6. Al cabo de este tiempo, añadimos los garbanzos, la panceta desalada cortada en tiritas, el jamón en daditos, los chorizos en rodajas y el perejil. Añadimos agua caliente hasta cubrir todo. Tapamos y, una vez que arranque el hervor, bajamos el fuego. Dejamos cocer despacito otra hora y media. Los garbanzos han de estar muy tiernos, pero sin llegar a deshacerse.

7. Retiramos el manojo de perejil y lo deshechamos. Retiramos la pata de la olla y separamos la carne del hueso. Cortamos la carne en trocitos y los volvemos a añadir a la olla.

8. Retiramos también la cebolla y la cabeza de ajo. Aplastamos el ajo con un tenedor para extraer la pulpa y tiramos las pieles. 

9. Ponemos en el vaso de la batidora la cebolla, la pulpa de ajo, un poquito de sal {con moderación, la panceta y el jamón ya habrán salado en parte el guiso, y las especias son bastante potentes}, 1/2 cucharadita de pimentón dulce  y las especias para callos. Trituramos con ayuda de un cucharón de caldo, y añadimos de nuevo a la olla. 

10. Revolvemos y dejamos cocer todo junto unos 10 minutos para que se integren todos los sabores. Probamos y rectificamos de sal o de especias. 

11. Si la salsa no está lo suficientemente espesa, podemos añadir maizena disuelta en el propio caldo de los garbanzos para ayudar a tomar textura.

12. Servir bien caliente.


Fuente de la receta: La cocina de  Frabisa

Por último que nadie olvide visitar el blog del desafío, donde todos los compañeros os sorprenderán con las recetas que han preparado con casquería o despojos.




Spaghetti alla carbonara

El origen de la salsa carbonara es incierto. Se cuenta que es tradicional del norte de Italia, en los Apeninos había múltiples minas de carbón. Sus habitantes, los mineros, pertenecían a familias con pocos recursos que inventaron este plato con los escasos alimentos de los que disponían en su despensa. 

La salsa carbonara tradicional es sencilla de preparar y con pocos ingredientes. Una receta fabulosa para salir del paso un domingo {por ejemplo} que nos hemos quedado con la nevera medio vacía en casa.

Aunque en España se ha popularizado preparar esta salsa con nata, cebolla e incluso champiñones, ninguno de estos ingredientes se hallan en la receta tradicional y yo diría que únicamente vienen a hacerla más pesada y difícil de digerir. Es por eso que en mi casa nos intentamos ceñir a la receta italiana; de este modo es un plato más ligero y sabrosísimo.

En lo que siempre hago hincapié, ya lo sabéis, es en la calidad de los ingredientes. Cuando hacemos un plato con pocos ingredientes, no se disfrazan unos a otros, con lo que va a destacar enseguida y conseguiremos un plato excelente si usamos ingredientes de primera calidad.

Por eso en esta ocasión me decanté por utilizar unos spaghetti nº5 de Barilla. Barilla, que tiene su origen en una empresa familiar, lleva más de cien años fabricando pasta de la mejor calidad, prestando especial atención a mantener los estándares a los que tiene acostumbrados. Es la pasta número 1 en Italia y, digo yo, que por algo será. Desde luego, a mí me enamora; no se pega, queda perfecta al dente en el tiempo indicado... sin duda, mi pasta favorita.

En concreto los spaghetti me parece un formato de pasta muy versátil, que permite infinitas combinaciones, si bien es cierto que recetas con salsa, como la de hoy son las ideales.


Spaghetti alla carbonara

Ingredientes para 4 personas

  • 350 g de spaghetti Barilla nº5
  • 100 g de bacon.
  • 4 huevos {sólo las yemas}.
  • 50 g de queso parmesano rallado.
  • 1 diente de ajo.
  • aceite de oliva.
  • sal y pimienta negra.


Preparación:

1. Ponemos a hervir la pasta siguiendo las instrucciones del envase, en abundante agua con sal. Entre tanto, preparamos la salsa que la acompaña.

2. Para ello, calentamos un chorrito de aceite de oliva en una sartén y doramos el diente de ajo en él. Una vez que está dorado, lo retiramos.

3. Añadimos entonces el bacon, cortado en tiritas, y dejamos que se vaya friendo hasta que esté doradito y crujiente. Entonces, le añadimos un cucharón del caldo de cocer la pasta, y dejamos que reduzca un par de minutos.

4. Separamos las claras de las yemas; las claras las reservaremos para otra preparación. Aunque se pueden utilizar también, la carbonara queda más cremosa y rica utilizando sólo yemas. En un bol grande, ponemos las yemas. Incorporamos el queso rallado {al gusto} a las yemas y salpimentamos. Mezclamos ligeramente.

5. Una vez que escurrimos la pasta, y procurando que no pierda nada de calor, ponemos los spaghetti en el bol donde tenemos las yemas con el queso y mezclamos. Las yemas se irán cuajando con el propio calor de la pasta.

6. Por último, añadimos el bacon que teníamos reservado. Al servir, podemos poner un poco más de queso rallado por encima y pimienta negra recién molida al gusto.





Magdalenas {con chips de chocolate}

Las magdalenas, puedo asegurar, son una de mis compañías favoritas para el café de la mañana. Tienen el sublime poder de hacer cambiar mi humor, yo que soy como un orco asesino en busca del Anillo Único...

Y es que acercarse a mí por la mañana, sin dar tiempo a la cafeína a hacer efecto es, más que ninguna otra cosa, osado. Me levanto por costumbre media hora antes que el resto de mi familia, sólo para poder disfrutar de un momento a solas con mi monstruosidad...

Pero todo cambia con una simple magdalena...

Estos pequeños bizcochitos tienen un origen incierto, aunque están asociados tanto a Francia como a España. En Francia suelen tener la forma de una concha y en España se suelen hornear en cápsulas de papel redondas o cuadradas.

Una de las leyendas que se cuentan, que será verdad o mentira, pero que ha sido la que a mí me ha gustado más, asocia las magdalenas al Camino de Santiago. Cuenta la historia que una muchacha llamada Magdalena o Madeleine (vaya usted a saber si la muchacha era española o francesa) ofrecía a los peregrinos unos pequeños bizcochitos en forma de concha (tan apropiado, ya que la concha de vieira es uno de los símbolos de los que peregrinan a Santiago). Pronto comenzaron a popularizarse y a extenderse por otras posadas y pueblos que se situaban a lo largo del camino, convirtiéndose en un invitado habitual en desayunos y meriendas.

Sea como fuere, las magdalenas, estos pequeños bizcochitos son realmente sencillos de preparar. Hay multitud de variedades aunque habitualmente llevan siempre ingredientes sencillos, de los que encontramos en cualquier despensa. Las magdalenas de hoy llevan trocitos de chocolate y resultan muy jugosas, aunque también os recomiendo echar un vistazo a estas otras magdalenas con almendra picada. Ambas son amor del bueno.


Magdalenas {con chips de chocolate}

Ingredientes:
  • 390 g de harina.
  • 2 1/2 cucharaditas de levadura química.
  • 1/4 cucharadita de bicarbonato sódico.
  • 1/2 cucharadita de sal.
  • 75 g de mantequilla {a temperatura ambiente}.
  • 4 cucharadas de aceite de girasol.
  • 265 g de azúcar.
  • 2 huevos.
  • 1 1/2 cucharaditas de extracto de vainilla.
  • 175 ml de leche.
  • 125 g de nata líquida para montar.
  • 1 cucharada de zumo de limón.
  • 100 g + 50 g de chips de chocolate.
  • cápsulas de papel para magdalenas.


Preparación:

1. Precalentamos el horno a 200ºC. Colocamos las cápsulas de papel sobre unas bandejas de horno.

2. En un bol, mezclamos, con ayuda de las varillas, la harina, la levadura, el bicarbonato y la sal. Reservamos.

3. En otro bol, batimos la mantequilla, 1 cucharada de aceite de girasol y el azúcar hasta que esté pálido y esponjoso, con textura como de helado. Entonces, añadimos las otras 3 cucharadas de aceite y seguimos batiendo.

4. Añadimos los huevos, uno a uno, incorporando muy bien uno antes de añadir el siguiente. Con el segundo huevo añadimos también el extracto de vainilla.

5. En una tacita mezclamos la nata líquida con el zumo de limón. Removemos con una cucharita hasta que espese. Esta mezcla es el sustituto casero para eso que en las recetas extranjeras llaman "sour cream" o crema agria.

6. Mezclamos esta nata con limón con la leche. 

7. Incorporamos a la masa 1/3 de la mezcla de leche y nata, mezclamos bien y añadimos 1/3 de la mezcla de harina. Vamos alternando ambos ingredientes hasta haber incorporado la totalidad de ambos.

8. Finalmente, añadimos 100 g de chips de chocolate y removemos. Repartimos la masa en las cápsulas de papel, llenándolas hasta los 2/3 de su capacidad. Decoramos por encima con los 50 g de chips de chocolate restantes.

9. Horneamos a 200ºC durante unos 15 minutos y dejamos enfriar sobre una rejilla. Una vez frías las magdalenas, las guardamos en un recipiente hermético para conservarlas durante más tiempo.


Croquetas de pollo

Las croquetas, especialmente las de pollo, son uno de esos platos incrustados en mi infancia. Una de esas cosas que nunca faltaban en casa, sobre todo si había sobrado pollo del cocido, o de un pollo asado. Pues con eso, se solucionaba una cena, tan ricamente. Y además, eran un auténtico placer para los peques de la casa.

En mi casa se siguen haciendo croquetas, y a mis hijos, igual que a mí cuando era pequeña, les encantan. Aunque normalmente las hago con las sobras, a veces incluso tiro de un filete de pechuga de pollo, lo cocino a la plancha y soluciono una comida a su gusto.

Por eso, ante la propuesta de La Cocina Typical Spanish, no hubo duda en cuanto a qué plato escoger. #lavueltaalcoleTS se ha llamado a la iniciativa de este mes, y no se trataba de otra cosa que de recopilar las recetas favoritas de los peques. De los peques de ahora, y de los peques de antes, recurriendo, como viene siendo habitual, a las recetas tradicionales de la cocina española, a aquellas que, como os decía antes, están vinculadas inexorablemente a nuestra infancia.

Croquetas hago yo mucho en mi casa, de muchos ingredientes. De verdura, como las de zanahoria y las de calabacín, son quizás un poquito más innovadoras; de pulpo, gallegas hasta la médula; de pollo o de jamón... es una de esas recetas con tantas posibilidades que nunca se aburre uno de comerlas.


Croquetas de pollo

  • 40 g de aceite de oliva.
  • 40 g de harina.
  • 1/2 litro de leche semidesnatada.
  • 200 g de pollo desmenuzado, sin piel ni huesos {yo suelo utilizar sobras de pollo asado}.
  • nuez moscada.
  • sal.
  • pimienta negra molida.
  • 1 cebolleta pequeña.
  • huevo batido.
  • pan rallado.



Preparación:

1. En una cazuela calentamos el aceite, y en él sofreímos despacito la cebolleta picada, procurando que no se dore.

2. Mientras, picamos el pollo muy menudito. Podemos utilizar una picadora, si no queremos que se noten los trocitos. Si vamos a utilizar pechuga de pollo fresca porque no tenemos sobras, es conveniente cortarla en filetes y cocinarla a la plancha primero. Después, una vez fría o templada, la picamos. Reservamos.

3. Añadimos a la cazuela donde estamos sofriendo la cebolla, la harina. Removemos y dejamos que se cocine un minuto, para que pierda el sabor a harina cruda.

4. Añadimos la leche, sin dejar de remover con unas varillas, para que no se formen grumos. Una vez que la leche esté bien incorporada, salpimentamos y ponemos un poquito de nuez moscada. 

5. Cuando la bechamel haya espesado, añadimos el pollo picadito y mezclamos bien.

6. Vertemos esta masa en un recipiente, tapamos la superficie con film de plástico y reservamos hasta que esté bien frío, preferiblemente hasta el día siguiente.

7. Con ayuda de una cuchara vamos dando forma a la masa, yo suelo darle forma de bolitas. Pasamos las croquetas por pan rallado, huevo batido y de nuevo pan rallado. Si las vamos a congelar, las disponemos en una bandeja, y las llevamos directamente al congelador.

8. Si nos las vamos a comer, las freímos en aceite bien caliente hasta que estén doraditas.


Con esta receta participo en el recopilatorio #lavueltaalcoleTS de La Cocina Typical Spanish. No os perdáis las recetas de todos los demás participantes pinchando en el logo inferior.


Marmitako de bonito {en cocotte}

El marmitako es una receta tradicional del norte de España, concretamente del País Vasco. Es una receta de origen humilde y popular; era un guiso que preparaban los pescadores en alta mar, mientras faenaban a la captura del preciado bonito del norte. La marmita era una olla de metal con tapa, uno de los pocos enseres que se llevaba en los barcos, y es de aquí de donde proviene el nombre de este plato.

Los cocineros de los barcos no sólo disponían de pocos enseres sino además de escasos ingredientes para dar de comer a toda la tripulación del barco. Así, con unas patatas, alguna hortaliza que se conservase bien, y lo que el propio mar proporcionaba, se elaboró un plato sencillo y sabroso, capaz de hacer entrar en calor a los marineros en medio de la más feroz tormenta.

El final de la primavera y todo el verano son la mejor época para consumir este preciado pescado azul, ya que es lo que dura su temporada, y por tanto estará a precio más asequible en nuestras pescaderías, aunque el marmitako también admite otros pescados como el salmón o la caballa.

La cocotte de hierro fundido, al ser tan parecida a las originales marmitas de los barcos, es la mejor manera de preparar un buen marmitako. Nos aseguramos una cocción a fuego lento, la conservación de todos los sabores, que se unen al terminar la receta en uno de los platos estrella de la gastronomía vasca.

Si os interesa adquirir una cocotte, echadle un vistazo a la tienda online de Simogas, sus cocottes no sólo son de una calidad excelente, sino que además sus precios son imbatibles.


Marmitako de bonito {en cocotte}

Ingredientes para 4 personas

  • 1 lomo de bonito del norte (aproximadamente 750 g).
  • 1 cebolla.
  • 1 diente de ajo.
  • 1/2 pimiento verde.
  • 1/2 pimiento rojo.
  • 1 zanahoria.
  • 75 g salsa de tomate casera {mi receta} o la pulpa triturada de un tomate.
  • la pulpa de un pimiento choricero.
  • 3-4 patatas grandecitas.
  • 1/2 vaso de vino blanco.
  • caldo de pescado.
  • sal.
  • aceite de oliva.


Preparación:

1. Para extraer la pulpa del pimiento choricero debemos ponerlo a remojo en agua templada, al menos con 45 minutos de antelación. Por tanto este es el primer paso que debemos dar. Cuando está blandito, retiramos la pulpa que está pegada a la piel con ayuda de un cuchillo y le quitamos las semillas también. Reservamos.

2. Picamos finas las verduras: la cebolla, el ajo, el pimiento rojo y verde y la zanahoria. Calentamos un chorrito de aceite de oliva en nuestra cocotte y rehogamos las verduras despacito, sin que se doren, de 10 a 15 minutos.

3. Cuando están bien rehogadas, añadimos la salsa de tomate o la pulpa triturada de tomate y dejamos que se haga unos minutos más. 

4. Añadimos la pulpa del pimiento choricero y el vino blanco. Dejamos que reduzca, hasta que se haya evaporado casi todo el líquido.

5. Mientras tanto, pelamos las patatas y las cascamos, para que ayuden a espesar la salsa. Las añadimos a la cocotte, cubrimos con caldo de pescado, sazonamos al gusto, y dejamos cocer unos 25 minutos, a fuego muy suave. 

6. Cuando las patatas están listas, apagamos el fuego. Añadimos el bonito cortado en tacos grandes, sin piel ni espinas y dejamos que se cocine con el propio calor del guiso {las cocottes de hierro fundido conservan muchísimo calor}, así evitaremos que se pase de punto y nos quede reseco.


Bizcocho de limón y amapola

Las semillas, cada vez más comunes en nuestra alimentación cotidiana, son un alimento de gran valor nutricional. Son fáciles de ingerir, de fácil asimilación por nuestro organismo y, aunque nos sorprenda, estos pequeños bocados esconden multitud de propiedades beneficiosas para nuestra salud.

Para la receta de hoy he utilizado semillas de amapola, que se han usado en medicina natural desde el principio de los tiempos. Tienen propiedades calmantes y sedantes, por lo que se recomiendan no sólo en estados de estrés, sino también, por ejemplo, cuando se tiene tos nerviosa que nos irrita constantemente la garganta.

Además, al igual que otros tipos de semilla, constituyen una fuente importante de calcio, fibra, ácidos grasos saludables y vitaminas del grupo B.

Desde antiguo, las semillas de amapola se han utilizado en la cocina, sobre todo en Oriente. Hoy en día, son un ingrediente muy vistoso que se utiliza en panes, bollos, galletas e incluso en ensaladas. Estas pequeñas semillas negras tienen un sabor dulzón que recuerda a la nuez o a la almendra. Además, en el caso de los bizcochos, aportan un toque crujiente y aromático que a mí me encanta y, para qué negarlo... ¡¡son preciosas!!

La combinación de las semillas de amapola y el limón es simplemente espectacular. Además, el bizcocho de hoy se emborracha un poquito con almíbar de limón al sacarlo del horno, lo que ayuda a mejorar su textura y hacerlo súper tierno. ¡¡En casa nos encanta!! Prometo que de esta manera se mantienen los bizcochos más jugosos según pasan los días, eso, si conseguís no acabarlo el primer día. En casa no lo hemos conseguido, lo devoran en cuanto se enfría lo suficiente para no abrasarse la garganta.


Bizcocho de limón y amapola

Ingredientes:

  • 210 g de harina.
  • 2 cucharadas de semillas de  amapola.
  • 1 cucharadita de levadura química.
  • 1/8 cucharadita de bicarbonato.
  • una pizca de sal.
  • 200 g de azúcar.
  • la ralladura de un limón.
  • 115 g de mantequilla a temperatura ambiente.
  • 3 huevos.
  • 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
  • 60 g de nata líquida para montar.
  • 60 g de leche semidesnatada.
  • 3 cucharadas de zumo de limón.
Para el almíbar:
  • 2 cucharadas de azúcar.
  • 1 cucharada de agua.
  • 1 cucharada de zumo de limón.



Preparación:

1. Precalentamos el horno a 180ºC. Cubrimos el fondo de un molde desmontable con papel de horno, y untamos las paredes del molde con mantequilla.

2. En un bol, y con ayuda de unas varillas, batimos bien la mantequilla con el azúcar y la ralladura de limón. Hay que batir hasta que la mezcla esté pálida y esponjosa. Entonces, añadimos los huevos, uno a uno, incorporando muy bien uno antes de añadir el siguiente. Junto con el tercer huevo incorporamos el extracto de vainilla.

3. En una tacita mezclamos la nata con una cucharada de zumo de limón. Removemos con una cucharita y dejamos reposar un minuto; veremos que la mezcla se ha puesto espesa. Añadimos a nuestra masa de bizcocho y seguimos batiendo.

4. Incorporamos entonces la leche y volvemos a mezclar.

5. En un bol, mezclamos la harina, las semillas de amapola, la levadura, el bicarbonato y la sal. Vamos añadiendo esta mezcla a la masa del bizcocho poco a poco, en unas tres veces.

6. Finalmente añadimos las 2 cucharadas de zumo de limón que nos faltaban. La cantidad de zumo de limón la podemos aumentar o disminuir ligeramente, dependiendo de lo intenso que nos guste el sabor a limón en el bizcocho.

7. Ponemos la masa en el molde, introducimos en el horno. El bizcocho ha de hornearse entre 45-55 minutos, aproximadamente, o hasta que al pinchar el centro con una brocheta esta salga completamente limpia.

8. Desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

9. Mientras se templa el bizcocho, preparamos un almíbar con 2 cucharadas de azúcar, 1 cucharada de agua y una cucharada de zumo de limón. Calentamos en el microondas, con cuidado, a intervalos de 30 segundos, removiendo cada vez, hasta que tengamos un almíbar espeso. Untamos sobre la superficie del bizcocho aún caliente, que lo absorberá rápidamente. Este paso es opcional, pero nos ayuda a que el bizcocho quede aún más jugoso.


Fuente de la receta: Cooking Classy